Apunto de iniciar la Semana Santa, muchos feligreses católicos se mantienen cautelosos en cuanto a ir a sus parroquias a las celebraciones litúrgicas.
Diana Patricia Sarabia, una madre guatemalteca, quien lleva 38 años viviendo indocumentada en California, dice que ya no va a misa como lo hacía antes de que llegara Trump a la presidencia.
“Ahora voy un domingo sí, y luego falto dos o tres domingos seguidos; y regreso; tenemos miedo de que nos agarren los agentes de migración. He escuchado de que se han metido hasta las iglesias”, dice.
Lee el articulo completo en La Opinión
